lunes, 13 de abril de 2015

Zoo de fósiles: Cartorhynchus, el aprendiz de ictiosaurio

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Hace casi dos siglos, en 1821, los paleontólogos ingleses Henry de la Beche y William Conybeare publicaron la primera descripción sistemática de los ictiosaurios, a los que identificaron como reptiles marinos. Desde entonces, la posición de estos reptiles semejantes a tiburones o delfines en el árbol evolutivo ha sido muy discutida. Determinar el parentesco de los ictiosaurios con otros grupos de reptiles no es una tarea sencilla, porque su extrema adaptación al medio acuático ha modificado su anatomía de tal manera que es difícil compararla con la de los reptiles terrestres. Por esta misma razón, hasta hace pocas décadas se relacionaba a los ictiosaurios con otro grupo de reptiles acuáticos, los sauropterigios, el grupo al que pertenecen los plesiosaurios. Pero esta relación, basada en que ambos grupos comparten adaptaciones a la vida acuática activa, que pueden haber evolucionado por separado, se ha abandonado casi por completo en la actualidad; sólo un estudio entre muchos, el realizado por John Merck en 1997, apoya el parentesco entre los dos grupos.



La relación de los ictiosaurios con los grupos de reptiles terrestres ha sido más polémica. Al menos, hoy todos los paleontólogos coinciden en que los ictiosaurios son reptiles, y que descienden de antepasados terrestres ovíparos, pero no fue así a lo largo de la historia: dejando de lado los primeros descubridores, a finales del siglo XVII y durante el siglo XVIII, que tomaron los fósiles de ictiosaurios por peces, cocodrilos, delfines, leones marinos, tritones, e incluso hombres ahogados en el Diluvio Universal, en 1937, el paleontólogo alemán Friedrich von Huene propuso que los ictiosaurios no eran reptiles, sino que descendían directamente de los anfibios. En la segunda mitad del siglo XX se consideraba que los ictiosaurios eran anápsidos, una agrupación artificial de reptiles primitivos sin aberturas en el cráneo, que comprendía las tortugas y varios grupos de reptiles extintos. Los modernos análisis, sin embargo, indican que los ictiosaurios pertenecen al grupo de los diápsidos, los reptiles más avanzados, que incluyen a los lagartos modernos, los cocodrilos, los dinosaurios y las aves. Pero incluso dentro de estos análisis hay discrepancias: algunos situan a los ictiosaurios como una ramificación temprana de los diápsidos, unos pocos los acercan a los arcosauromorfos, grupo que incluye a dinosaurios, cocodrilos y aves, y otros los identifican como parientes de los lepidosauromorfos, los lagartos y serpientes modernos.

La principal razón de nuestra ignoracia sobre el parentesco de los ictiosaurios es la ausencia de fósiles primitivos, intermedios, que muestren la evolución del grupo. Los ictiosaurios más antiguos conocidos, del triásico inferior y medio, hace unos 246 millones de años, ya tenían las extremidades totalmente transformadas en aletas, y probablemente, como las especies más modernas, ya eran vivíparos de sangre caliente.

Pero el año pasado, la situación cambió. El 5 de noviembre de 2014, un equipo de paleontólogos de China, Estados Unidos e Italia publicó la descripción de una nueva especie de reptil del triásico inferior que viene a ocupar, al menos parcialmente, el hueco. Su nombre, Cartorhynchus lenticarpus, significa "hocico corto y muñeca flexible".

Los fósiles habían sido descubiertos en la provincia de Anhui, en el este de China, en 2011, en sedimentos marinos de unos 248 millones de años de antigüedad. Por aquel entonces la región era un archipiélago tropical, de clima cálido y húmedo. Hay un ejemplar muy bien conservado, al que sólo le falta parte de la cola. Es un adulto, ya que sus vértebras y costillas estaban completamente mineralizadas; medía unos cuarenta centímetros de longitud y debió de pesar unos dos kilos de peso en vida.

Cartorhynchus no es realmente un ictiosaurio, pero es un pariente muy próximo. Carece de varias características anatómicas de los ictiosaurios: hocico alargado, ojos grandes y elevado número de vértebras. El hocico de Cartorhynchus es corto, más parecido al de los reptiles terrestres que al de los ictiosaurios, y el tamaño de sus ojos también es más cercano al de los reptiles terrestres. El tronco también es corto. Las patas delanteras están transformadas en aletas anchas y flexibles, con más cartílago que hueso, mientras que las patas traseras son pequeñas.

Cartorhynchus es un animal buceador; sus pesados huesos contrarrestran la flotabilidad y le permiten sumergirse en las aguas costeras poco profundas donde se alimenta mediante succión de pequeños invertebrados. Aunque también puede moverse en tierra con sus aletas flexibles, como las focas y los leones marinos.

El estudio de Cartorhynchus indica que los parientes más próximos de los ictiosaurios son los enigmáticos hupehsuquios, unos reptiles acuáticos del Triásico de cuerpo rígido y fusiforme, cola larga, patas en forma de remo, a veces con más de cinco dedos, y hocico largo sin dientes. También relaciona a los ictiosaurios con otros diápsidos acuáticos, los talatosaurios, semejantes a lagartos nadadores de cuerpo alargado y cola larga y aplanada lateralmente. Todo un abanico de formas anfibias y acuáticas que se estaban diversificando sólo un par de millones de años después de la gran extinción permotriásica, la mayor extinción ocurrida en nuestro planeta, que hace 250 millones de años acabó con el 96 % de las especies marinas y con el 70 % de los vertebrados terrestres. Sólo dos millones de años después de la extinción, ya se habían separado los talatosaurios, los hupehsuquios, los reptiles anfibios como Cartorhynchus y los ictiosaurios. La evolución, cuando tiene el campo libre, trabaja deprisa.

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